¿Por qué cago más cuando tengo la regla?







Por Irene y Lola, de Proyecto Kahlo


¿No os ha pasado que cuando tenéis la regla os entran unas terribles ganas de ir al baño? ¿Que notáis que vuestros intestinos trabajan más de lo habitual? Con la menstruación, a muchas de nosotras (me atrevería decir que a la mayoría…) nos aumenta esa imperiosa necesidad de visitar al señor Roca… y no para hacer pis. Ya nos entendemos.

Fue una grata sorpresa para mí enterarme de que esto era de lo más normal. Que no se debía a que mi cuerpo fuera especialmente sensible al desprendimiento del endometrio, ni a que mi colon sintiera envidia de mi útero, ni nada parecido.

Chicas, la respuesta está en las hormonas. En dos concretamente: las prostaglandinas y la progesterona. Pese al nombre raruno de la primera (yo hasta hace poco no sabía ni que existía) os aseguro que, a partir de ahora, quedará grabada a fuego en vuestras mentes.

Pero, por partes, ¿qué son las prostaglandinas?

Las prostaglandinas (PGs) son metabolitos del ácido araquidónico, que es un ácido graso que se obtiene de la carne o sus precursores. La síntesis de la PGs se realiza por la conocida vía COX (ciclooxigenasa). Actúan como hormonas autocrinas y paracrinas, es decir, ejercen su efecto sobre las células que las originan y adyacentes.

Las prostaglandinas deben su nombre a la glándula prostática ya que fueron aisladas por primera vez en el líquido seminal en 1936.

Las PGs tienen un metabolismo muy corto por lo que ha sido difícil su estudio, por ello, los datos que se conocen sobre sus efectos y acciones se basan en investigaciones experimentales.

Bien, ya sabemos qué son. Y que las puñeteras no sólo afectan a las células en las que se originan sino también a las que están cerca de ellas… Y ¿qué hacen las prostaglandinas?

Las acciones de las PGs, como consecuencia de su unión a un receptor determinado pueden ser muy diferentes. Desde la inhibición de la agregación plaquetaria, efecto vasodilatador en el sistema circulatorio, regulación de la secreción y motilidad del aparato intestinal y respiratorio, contracción uterina, la ovulación, mediador de procesos inflamatorios, fiebre, hasta participar en la inmunidad, el cáncer, etc.

Me ha parecido ver algo de intestinos y útero por ahí. Creo que empezamos a atar cabos, ¿verdad? Pues atentas a lo siguiente:

Durante el ciclo sexual femenino, y por diferentes influjos hormonales (progesterona, estrógenos, LH…) los niveles de las diferentes tipos de PGs aumentan y/o disminuyen a los largo del mismo favoreciendo determinadas acciones. Entre ellas las más significativas:

  • ROTURA DEL FOLÍCULO OVÁRICO, (estructura que alberga al óvulo en el ovario).
  • LUTEOLÍSIS, regresión del cuerpo lúteo (estructura vestigio del cuerpo folicular tras la ovulación).

Los niveles de PGs aumentan significativamente durante la menstruación. En cuanto al endometrio, son responsables de diferentes efectos como:

  • Vasoconstricción de los vasos que irrigan la capa mucosa uterina
  • Extravasación de sangre al espacio vascular formando zonas hemorrágicas
  • Necrosis del endometrio
  • Contracciones uterinas
  • Al estar implicadas en la contractilidad uterina y en el control de la hemostasia, se cree que son responsables de las dismenorreas (el dolor durante la menstruación)

Las prostaglandinas tienen responsabilidad en las contracciones uterinas -y de paso de los dolores menstruales-. Y recordemos que estas hormonas no sólo afectan a las células donde se producen sino en las adyacentes. ¿Y qué hay cerca del útero? Sí. Los intestinos. AJÁ. Así que éstos se ven congraciados con la sabiduría y la acción de las dichosas prostaglandinas haciendo que, de paso que se nos contrae el útero, ellos también bailen la Macarena.

Las hormonas en el ciclo menstrual.
Para que tengamos la menstruación, la progesterona cae en picada.


Si a eso le sumamos el hecho de que nuestra amiga progesterona es algo astringente y que, como vemos en la imagen, pega un bajón considerable para que tengamos nuestra menstruación, se explican muchas cosas.

El llamémosle “efecto intestinal” que tienen las prostaglandinas, puede ser algo menor en las chicas que tomáis anticonceptivos hormonales. Pero si notáis también que “algo sucede” es normal. Las pastillas anticonceptivas contienen progesterona sintética. En las pastillas del final del ciclo, que suelen ser de diferente color, no contienen esta progesterona para que puedas tener el sangrado. ¿Recuerdas lo anterior sobre la progesterona? Pues ahí lo tienes.



Bibliografía: Sánchez Gil, Mª del Mar. Prostaglandinas y función reproductiva. Clases de Residentes. Unidad de Obstetricia y Ginecología Hospital Virgen de las Nieves.

Fuente original: Proyecto Kahlo

Ginecología Autogestiva: Razones para promover el autoconocimiento



…hay que tomar conciencia de que nuestro cuerpo puede ser
un instrumento revolucionario para el cambio
Leonor Taboada


Por: Marcela VS

Con mucha frecuencia nos preguntan qué es la ginecología autogestiva, de dónde surge y por qué la promovemos. Aunque creo que no hay una sola respuesta a los motivos, ni tampoco una sola definición, aquí aventuro dos razones que me parecen importantes y, al final, dejo una tercera que no requiere elaboración. Quizá con ésa debería haber empezado esta entrada.

En cuanto a la definición y origen, suele convenirse que la ginecología autogestiva, o self help como la llama Leonor Taboada en su manual introductorio, tiene su origen en los vertiginosos años setenta. Su principal nutriente fue el feminismo que centró su atención en la dimensión política del cuerpo y en las distintas técnicas disciplinarias y de dominación que se ejercen sobre él, la medicina incluida. Si hurgamos un poco encontraremos que en otros momentos de la historia han existido grupos de mujeres que comparten información y conocimiento sobre el cuerpo, la sexualidad o el embarazo y el parto, entre otros temas; sin embargo, el movimiento del autoconocimiento al que me refiero es aquel que reconoce su origen en el intenso intercambio que dio lugar a la publicación del Boston women´s health book collective, que aún sigue dando frutos.

Para nosotras, hablar de ginecología autogestiva -nombre que preferimos en lugar de self help, que también es traducido como “autoayuda” y tiene otra connotación- implica hablar de un movimiento político y pedagógico que hace hincapié en el autoconocimiento a través de estrategias variadas, como podrían ser la observación del ciclo menstrual, de la fertilidad, del funcionamiento y uso de los anticonceptivos, entre otras prácticas en las que abundaremos posteriormente.

El extremo de la madeja, señalado en casi todos los manuales disponibles, implica voltear a mirarse la vulva, tomar un espéculo y recorrer los intersticios que no conocemos y que culturalmente nos han sido vedados a lo largo de la historia. Pero ése es apenas el inicio del recorrido y, según nuestra experiencia, no es el único camino posible.

Antes de continuar, hagamos una pausa.

Si en este momento quieres parar de leer porque crees que es trasnochado decir que las mujeres no conocemos nuestro cuerpo, revisa los datos del estudio reciente publicado en The Independent en el que se concluye, entre otras cosas, que el 50% de las mujeres británicas de entre 26 y 35 años que participaron en la encuesta fueron incapaces de identificar su vagina en un diagrama médico.  Quién sabe cómo nos iría en una encuesta como ésa por estos rumbos mexicanos.

Le sigo. Contrario a lo que pudiera suponerse, cualquier grupo de mujeres, independientemente de su edad, estado civil, o preferencia sexual, puede organizar un grupo de autoconocimiento. Lo único que se requiere es tener disposición para aprender y compartir experiencias sobre el cuerpo a través de la observación directa, el intercambio de saberes y la investigación colectiva. Una clínica de ginecología autogestiva no se circunscribe a un espacio de cuatro paredes, ni precisa certificaciones o grados académicos. Se trata de un proceso educativo en colectivo, que puede ser itinerante, temporal o permanente, y el límite es lo que cada grupo sea capaz de imaginar, reflexionar, proponer, investigar y diseñar.

Vamos ahora con las razones, no son todas y -seguramente- habrá quien señale que no son las más importantes. Cada una construye la o las razones por las que considera que es relevante conocer y apropiarse de su cuerpo.

Primera. Porque (literalmente) generamos conocimiento desde abajo y el conocimiento es poder.

La ginecología autogestiva  trae consigo una crítica a la práctica médica occidental centrada en la medicalización y un cuestionamiento a la producción del conocimiento que la sustenta.

En los años setenta, en los grupos de ginecología autogestiva se hablaba de “desmedicalizar a la sociedad” y de brindar autonomía e información veraz a las mujeres. Esta idea partía del cuestionamiento a la neutralidad y objetividad de la medicina. En aquel entonces se criticaba a la práctica médica en general, y a lxs médicxs en específico, por resguardar celosamente la tecnología que regula nuestra capacidad reproductiva. En otras palabras, se reconoció que la práctica médica era la encargada de operar estrategias biopolíticas sobre los cuerpos gestantes (cuerpos de mujeres, vaya) y el campo médico se vislumbró como un espacio de control del cuerpo, que tendría que ser transformado. El énfasis se situó en el autocontrol del cuerpo a partir del acceso y el control de los métodos anticonceptivos, así como el conocimiento para interrumpir un embarazo no deseado.

Desde luego, en casi cuatro décadas la práctica médica ha cambiado de manera importante y funciona desde la lógica neoliberal (si este tema te interesa invierte una tarde en ver la conferencia “¿La muerte de la clínica?” de Beatriz Preciado). Los problemas de salud de las mujeres también han cambiado, así como las percepciones sobre algunos temas; por ejemplo, muchas de nosotras ya no estamos tan ciertas de que los métodos anticonceptivos (como funcionan hoy en día) sean sinónimo de libertad sexual y autocontrol del cuerpo.

Actualmente, las críticas feministas a la práctica médica también se centran en otros aspectos como: su alianza con las farmacéuticas; la falta de ética al falsear información relacionada con los efectos adversos de los medicamentos prescritos a las mujeres; la fragmentación, la invisibilización o la patologización de los procesos biológicos del cuerpo; el presupuesto de que el cuerpo femenino requiere corrección y control médico y farmacológico a lo largo de todo el período reproductivo; el énfasis en la función reproductiva, entre otros temas.

Tomando en cuenta todo lo anterior, promovemos ginecología autogestiva porque posibilita la construcción colectiva de un conocimiento que parte de nuestras preocupaciones y que contribuye a la emergencia de saberes sometidos o marginales -basados en la experiencia empírica y en el intercambio solidario-, que interpelan a los saberes hegemónicos. También porque implica un cuestionamiento a las relaciones de poder y a las prácticas económicas que regulan y definen lo que es la salud y la enfermedad de las mujeres y su tratamiento. Resumiendo, porque vemos en esta práctica un resquicio de libertad para poder construir salud y bienestar para nosotras.

Segunda. Porque el autoconocimiento es un gesto amoroso.

Mientras escribía estas líneas se cruzó por mi camino el magnífico texto de Coral Herrera “Sin tiempo para el amor: el capitalismo romántico”. Al leerlo, terminé de asentar una idea en torno al amor y a aprender a ponernos en primer lugar. Me explico con más detalle. Más allá de la crítica a la medicina y de la posibilidad de construir para nosotras una vida más saludable -que no es poca cosa-, la ginecología autogestiva trae consigo un gesto amoroso muy potente, se trata del amor hacia una misma.

Para muchas de nosotras, sumergidas en varios proyectos y/o trabajos simultáneos,  encontrar tiempo y lugar para el amor significa un reto gigante y, si logramos estirar el tiempo para procurar y mimar, preferimos brindar ese cuidado a otrxs. Sigue siendo usual que las mujeres en una familia se pongan en último lugar para atender un problema de salud, por ejemplo. Desde luego, no se puede pasar por alto que las posibilidades de acceder a la atención médica, o de disponer del tiempo y la energía para el descanso o para el placer, varían de manera significativa de un contexto social a otro. Este punto amerita una reflexión por separado.

En  medio de la vorágine, practicar la observación y el autocuidado del cuerpo puede ser visto como una apuesta revolucionaria en nombre del placer y el amor propio. Implica sabernos dueñas de nuestro propio cuerpo y con el pleno derecho de reclamar un tiempo para nosotras. Por supuesto, este reclamo no es ingenuo, amerita, por una parte, cuestionar las posibilidades que tenemos en este modelo económico-cultural, y por otra, expandir creativamente las opciones y posibilidades que nos da nuestra dinámica urbana y neoliberal (a la mexicana).

La ginecología autogestiva también puede entenderse como una reivindicación del deseo de cuidar de una misma. Y, por si esto no fuera suficiente, tenemos la posibilidad de explorar formas variadas de acompañamiento entre mujeres que transitan este mismo camino. Promovemos la ginecología autogestiva porque desde ahí podríamos gestar una revolución profunda si luchamos (así, como lucha porque nadie nos lo va a conceder) por construir tiempos y espacios para amarnos y cuidar de nosotras mismas.

Tercera. Y última por hoy...

Promovemos la ginecología autogestiva simple y llanamente porque tenemos la posibilidad y las ganas.

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** Si quieres leer un poco más, date una vuelta por el número 34 y 35 de la revista Mujeres y Salud. También puedes revisar la tesis de Alba Martínez Rebolledo sobre el movimiento self-help.

Este texto fue tomado de: Vulva Sapiens

El Autocuidado Cíclico: Inspiración para “Llenar tu Copa”

Ilustración: Marie Caillou 

Por Sophia Style

“El autocuidado no tiene que ver con la autocomplacencia sino con la autopreservación.”
Audre Lorde

Una de las cosas que voy integrando e incorporando cada vez con más claridad es la importancia del autocuidado como fuente de nuestra capacidad de sostenernos y poder dar sin “vaciar nuestra copa”. Al igual que muchas mujeres que conozco, debido a los modelos con los que crecimos y a los mensajes que recibimos desde pequeñas, ha sido muy habitual en mí el hecho de no escuchar los mensajes de mi cuerpo, de sobre-esforzarme, de priorizar las necesidades y demandas de l@s dem@s…

Al compartir estas experiencias con otras mujeres, y el agotamiento y los resentimientos que traen como consecuencia, nos dimos cuenta entre otras cosas, de la necesidad de transformar algunas creencias muy arraigadas en nuestro inconsciente, por ejemplo “el autocuidado es egoísta” o “no merezco tomarme tiempo para mi bienestar”.

En el camino de volver a escuchar nuestro cuerpo, nuestras emociones e intuiciones, uno de los pasos más fundamentales ha sido el de conocer y respetar nuestras necesidades y deseos cambiantes en relación a nuestro ciclo menstrual y a los diferentes arquetipos femeninos que llevamos dentro: la Doncella, la Madre, la Chamana y la Anciana (puedes leer más sobre cada una siguiendo estos enlaces.)

Quiero compartir aquí un ejercicio sencillo e inspirador que puedes hacer en cualquier momento en el que sientas que quieres volver a conectar con todo lo que te nutre y sostiene. Se trata de visionar el autocuidado como un camino para renovarte a todos los niveles: físico, emocional, mental y espiritual, y a la vez, como mujer cíclica, abriéndote a conectar con lo que te nutrirá en cada una de las fases de tu ciclo, o desde cada arquetipo. ¡Así podemos dejar de lado la idea de comprometernos a hacer una misma cosa cada día porque generalmente esto no nos fluye!

Coge un papel y rotuladores de colores y en primer lugar haz una lluvia de ideas con todo lo que ya estás haciendo en tu vida para nutrirte y cuidarte en lo físico, en lo emocional, en lo mental y en lo espiritual.

Luego añade a estas ideas otras cosas que te gustaría incorporar en forma de pequeños pasos realizables.

Es maravilloso hacer este ejercicio con otras amigas o en un círculo de mujeres para compartir ideas e inspiración, y también para comprometerte a dar algunos pasos, ya sea sola o con otras. (Más adelante encontrarás algunos ejemplos que salieron en mi última lluvia de ideas.)

Una vez hayas hecho tu lista, puedes volver a mirarla y dejarte sentir cuales de estas cosas serán más fáciles y fluidas de incorporar según la fase de tu ciclo menstrual: preovulación-Doncella / ovulación-Madre / premenstrual-Chamana / menstruación-Anciana. Y si no tienes la regla ahora, conecta con estos aspectos dentro de ti; observa si has incluido ideas que se correspondan con cada uno, o sí hay un arquetipo que está más presente, u otro que apenas esté representado y quieras fortalecer más.

A continuación comparto algunas de las cosas que nutren mi cuerpo, mi corazón, mi mente y mi alma, por si te sirven de inspiración. Me encantaría que compartieras algunas de las tuyas en los comentarios que se pueden escribir y así creamos un círculo virtual.

Obviamente hay algunas cosas que son muy difíciles de clasificar porque nos nutren a todos los niveles a la vez (por ejemplo, ir a la montaña, hacer el amor o cultivar el huerto…). ¡Usa tu creatividad para decidir dónde y cómo colocarlas!

Autocuidado físico

* Ejercicio que me gusta (Qigong, nadar..): ¡endorfinas! (Doncella)
* Apreciar mi cuerpo con frases amorosas (Madre)
* Nutrirme con comida fresca y energética. Intercambiar recetas y comida con amigas (Madre)
* Bailar con música que inspira e invita a mover el cuerpo (Chamana)
* Recibir masajes (Anciana)
* Parar y estirarme 10 minutos durante el día (Anciana)

Autocuidado emocional

* Salir a cenar y disfrutar con amigas (Doncella)
* Compartir como me siento con amigas íntimas, escucharnos (Madre)
* Decir que no. Expresar mi enfado (Chamana)
* Estar sola y escribir en mi diario (Chamana)
* Tomar un baño con sal y lavanda (Anciana)

Autocuidado mental

* Jugar con mi hijo y otros niños (Doncella)
* Leer novelas (Doncella)
* Tener orden, armonía y belleza en casa (Madre)
* Crear espacio para escribir (Chamana)
* Meditación-respiración consciente (Anciana)
* Desconectar del móvil y del ordenador (Anciana)

Autocuidado Espiritual

* Disfrutar, jugar y crear en la naturaleza (Doncella)
* Ver la salida del sol (Doncella)
* Agradecer, agradecer, agradecer… lo pequeño y lo grande (Madre)
* Celebrar el ciclo de la luna, solsticios y equinoccios con rituales (Chamana)
* Parar durante la menstruación- la Tienda Roja (Anciana)

Una vez hayas hecho tu lista, busca una manera de plasmarla de manera visual e inspiradora: con colores, como una flor, como un mapa, con imágenes… y ponla en un lugar visible para ti.

Para completar, hay un elemento importante que me ayuda mucho a integrar todas estas buenas intenciones en mi vida y llevarlas a la práctica, que consiste en dar pasos concretos, por ejemplo: citarte con una amiga, reservar espacios libres en tu agenda, escribir recordatorios en papeles de color y ponerlos en lugares estratégicos como la nevera o el espejo del baño, apuntarte a una clase, comprar o crear algo (un diario nuevo)… ¡Convoca a tu Doncella para este paso!

Y sobre todo, es importante que conectemos con el placer y el deseo de crear estos espacios en nuestra vida (“quiero…”) y que estas ideas no se conviertan en obligaciones (“tengo que…”) para añadir a la lista de cosas que hay que hacer.

El autocuidado es una clara expresión de nuestro valor, nuestro poder y nuestra sabiduría. Nos ayuda a tener recursos para navegar por los retos e imprevistos que a veces trae la vida. Además multiplica nuestra creatividad, vitalidad y felicidad. ¡¿Te apuntas?!

“Puedes explorar todo el universo en búsqueda de alguien más merecedora de tu amor y tu afecto que tú misma y no encontrarás esta persona en ningún lugar” (anónimo)


Referencias:
The Mother’s Guide to Self-Renewal, Renée Peterson Trudeau.

Gracias a Eulàlia Pàmies por revisar el artículo.

Fuente original del texto: Mujer Cíclica